Siempre fui igual de exagerada en todo, cuando algo me gusta, me gusta y mucho. No hay grises, es blanco o negro.
En una de esas cosas (de mi infinita lista de cosas que me gustan) lo conocí a él, distante, gracioso, hermoso como persona, hermoso por donde lo miraras. Y me robaba sonrisas, no cualquier sonrisa… eran de esas sonrisas con mariposas en la panza. El siempre estuvo en su mundo mientras yo lo miraba a lo lejos desde el mío, lleno de fantasías, supuesto y hasta imposible.