Era una
especie de rutina saludarlo todas las mañanas al despertar y desearle un buen
día, decirle cuanto lo amaba y lo feliz que me hacia, recordarselo a
cada hora, minuto y segundo que era el amor de mi vida, mi pilar.
No está, y no puedo hacer nada para cambiarlo.
Hay un agujero en mi alma, algo que me falta, algo que no está,
algo que perdí y que no tiene ni va a tener reemplazo nunca.